11º
DÍA, LA CASITA DE HEIDI
Para este día teníamos marcados 2 puntos de
interés, Liechtenstein y la casita de Heidi. Ya cuando estuvimos
la semana anterior en Ovronnaz con Luis yMiki, lo queríamos
haber hecho pero las distancias eran enormes para un solo día
y en caso de hacerlo en 2, hubiesemos perdido un día más
de apartamento y haber sumado bastantes más gastos imprevistos,
por lo que lo descartamos, pero ahora si que estaba al alcance Nos pusimos en camino dirección Chur hasta Maienfeld,
¿os suena?, quizás si sois de nuestra epoca sí,
ya que allí es donde cogían el tren para ir a Frankfurt.
Aún recordamos estos dibujos animados con cariño, era
el año 76 y esperábamos ansiosos el capítulo
de cada sábado. Estos tenían unos valores que en los
que emiten en la actualidad se han perdido, ahora todo es violencia,
futbol y otras porquerías similares, una pena Por supuesto nunca existió Heidi, la escritora Juana Spiry se basó en esos lugares para crear unos personajes en una novela que posteriormente fué llevada al cine y a la serie de dibujos animados. Desde Maienfeld hay una perfecta señalización hacia el lugar, el camino es muy estrecho y acaba junto a un gran aparcamiento y un pequeño hotel, desde allí en tan solo 5 minutos andando se llega a lo que supuestamente era Dorfli. Yo me lo imaginaba invadido de turistas, todo muy preparado para sacar las pelas, a la entrada una niña mona disfrazada y un jeta tirando la típica foto de recuerdo, vaya, como sería en España, pero.... nada más lejos de la realidad. Lo que allí hay es un bonito lugar con unas pocas
casas, una de ellas sirve de pequeño museo con recreaciones
de aquella epoca y junto a esta la tienda de souvenirs donde comprar
mil y un artículos, así como el pase para el museo,
pero nadie obliga a nada, además muy poca gente. Pero ¿
y la casita? preguntamos, la respuesta lógica, "en los
prados", había que subir andando casi 2 horas por el monte
a través de senderos hasta la casita. En principio la Peque
refunfuñó La llegada fué como en los dibujos, poco a poco se
va asomando a lo lejos en mitad de un enorme y verde prado rodeada
de abetos la casita y en ella un viejo de blancas barbas nos da la
bienvenida. Con él, otros lugaños descansando del trabajo
de la siega además de, como no, Pedro, Peter le llamaba el
abuelo. El interior, que tambien nos dejaron ver, es un poco defraudante
ya que no es exactamente igual. Ellos viven allí todo el verano
y lógicamente el camastro de heno a dejado paso al somier y
el colchón, cosas del progreso. No hablamos mucho con ellos
por que solo lo hacían en alemán, pero el abuelo nos
preguntó de donde eramos, al decirle españoles él
a media lengua preguntó, "¿Barcelona?", entonces
yo le dije, "no, La Rioja", ¿sabeis que nos contestó
rápidamente?, "¡ buen vino !", y eso que no
sabía español. Allí mismo venden bebidas y despues
de una Coca Cola fresquita y las fotos de rigor, nos despedimos La bajada lógicamente fué más llevadera
y además se había nublado bastante, ya abajo visitamos
el museo que está muy bien, aunque coincidimos con un grupo
de japoneses y tuvimos que dar tiempo a que se fuesen. Nos fuimos
de allí con una sonrisa de oreja a oreja y es que sin ser gran
cosa nos encantó, quizás por la naturalidad con que
está todo hecho, mereció sin duda la pena la visita
y el "paseito". La entrada a Liechtenstein no tiene mucho misterio, ya que
no existe frontera con Suiza, no así con Austria, tan solo
un pequeño cartel y su bandera lo indican En Vaduz encontramos unos aparcamientos para motos cubiertos
que nos vinieron de perlas, ya que en ese momento llovía copiosamente Despues de la visita regresamos a Savognin, donde nuevamente
degustaríamos unas de sus especialidades durante la cena y
prepararíamos el equipaje para el regreso, lo bueno se estaba
acabando.
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